Rosca bendita, negocio maldito
De símbolo familiar a mercancía acaparada: la tradición del Día de Reyes atrapada por la reventa, la especulación y la codicia de temporada.

Desde finales de diciembre, los pasillos de supermercados y clubes de precio en México —especialmente Costco— se han convertido en zonas de guerra silenciosa por un producto que, en teoría, debería unir a las familias: la Rosca de Reyes. Ya no importa su simbolismo, ni su historia de amor, fe y comunidad; lo que cuenta hoy es su potencial de ganancia.
La guerra por la rosca comenzó con filas antes del amanecer. Personas comunes esperando con paciencia y esperanza… y otros, listos para acaparar docenas, cientos —hasta mil piezas— para revenderlas a precios inflados.
Este año, la tradición compite contra la codicia en un mercado donde una Rosca puede costar entre 290 y 950 pesos, dependiendo de su tamaño, relleno o etiqueta gourmet. Eso representa un aumento de más del 20 % respecto al año pasado, poniendo presión extra al ya golpeado bolsillo de las familias mexicanas.
Tradición vs. Reventa
Originalmente, la Rosca de Reyes es un símbolo: su forma circular sin principio ni fin representa el amor eterno, las frutas simbolizan las coronas de los Reyes Magos, y el muñeco escondido es promesa de fiesta familiar en la Candelaria.
Pero hoy esa tradición está siendo despojada de significado por la lógica del mercado. En las grandes tiendas, compradores acumulan roscas como si fueran entradas a un concierto exclusivo —no para compartir, sino para revender al doble o más de su valor original.
No es un fenómeno aislado. Este impulso especulativo ha causado tal polémica en redes que usuarios han llamado a boicotear a los revendedores y a preferir panaderías locales frente a los grandes almacenes.
¿Quién gana y quién pierde?
En el discurso popular, estos revendedores son “emprendedores neoliberales”, pero la realidad es más cruda: su actividad puede dejar sin opciones a las familias que realmente quieren celebrar. Las roscas que estaban disponibles por unos 300–400 pesos en tiendas como Walmart o Costco —incluso con membresía— ahora aparecen en venta en grupos de Facebook o mercados ambulantes por mucho más.
Por otro lado, panaderías locales siguen ofreciendo versiones más tradicionales y, a veces, más baratas —desde unos 180 pesos en adelante— pero no poseen el volumen ni el marketing de las cadenas grandes.
Escenas que hieren la tradición
Si la tradición fuera una novela, estas escenas serían el clímax amargo:
- Clientes bajo el sol desde temprano, conteniendo la respiración mientras un “revendedor” empuja un carrito con docenas de roscas como si fueran botellas de agua en una sequía.
- Videos virales de discusiones entre compradores comunes y acumuladores profesionales, como si la Rosca de Reyes fuera un bien escaso de subsistencia.
Lo que debería ser un momento de convivencia y alegría se ha convertido en una carrera por la pieza más rentable, un descarado recordatorio de cuánto han cambiado nuestras prioridades.
¿Tradición o mercancía?
La Rosca de Reyes ya no es solo pan con fruta y muñeco escondido; para muchos es símbolo de cuánto ha avanzado el mercantilismo incluso sobre nuestras costumbres más queridas.
Ya no importa quién encuentre el niño —hoy importa quién acapara más roscas y quién vende más caro.
Y así, la rosca dejó de ser santa para volverse trofeo de codicia en un panorama donde hasta la nostalgia puede tener etiqueta de precio.



