
El Carnaval de Veracruz 2026 se celebró del 10 al 18 de febrero. Nueve días de música, desfiles sobre el bulevar Manuel Ávila Camacho, conciertos en la Macroplaza del Malecón, celebraciones en el Zócalo y callejones llenos de baile. Cuando la fiesta termina cada noche, la ciudad no descansa: comienza otra jornada, la que casi nadie ve.
Miguel es parte del Departamento de Limpia Pública del Ayuntamiento. Lleva años trabajando en eventos masivos, pero el Carnaval —dice— siempre es otra historia.
—El Carnaval se disfruta mucho, pero para nosotros son días pesados. No paramos. Trabajamos en tres turnos, las 24 horas, porque en cuanto termina un desfile o un concierto tenemos que entrar.



—¿Cuánta basura deja realmente la fiesta?
—Bastante. Nada más después del Primer Gran Desfile, como el 15 de febrero, se levantaron 18 toneladas en el bulevar y alrededores. Y así se va acumulando. Al final de los nueve días fueron unas 273 toneladas en total.
—¿Dónde se concentra más?
—En el bulevar Manuel Ávila Camacho, por los cuatro paseos de carros alegóricos. Ahí se juntaron 203 toneladas. En la Macroplaza del Malecón fueron 42 y en el Zócalo y los callejones, como 28. Cada zona tiene su propio equipo, pero todos nos coordinamos.
Miguel habla sin queja, pero con claridad. Sabe los números porque los ha cargado en bolsas negras y los ha visto subir a los camiones.
—Esa cantidad representa más del 50% de lo que normalmente se recolecta en un día común en la ciudad. Es como si el trabajo diario se duplicara por más de una semana. Por eso no podemos bajar el ritmo.



—¿Qué es lo más complicado?
—Cuando termina un evento masivo en el Malecón. Miles de personas se van al mismo tiempo y el piso queda cubierto de botellas, envases, restos de comida. Entramos por cuadrillas: unos barren, otros embolsan, otros cargan. La idea es que al amanecer todo esté limpio, que la gente vea la ciudad ordenada.
—¿Y qué le deja en lo personal?
—Cansancio, claro. Pero también orgullo. El Carnaval es lo más grande que tiene el puerto. Si al día siguiente el bulevar amanece limpio, es porque alguien trabajó toda la noche. Nosotros no salimos en el desfile, pero también somos parte de la fiesta.
Cuando la música se apaga y las luces se desmontan, Veracruz vuelve a su ritmo habitual. Quedan cifras contundentes: 273 toneladas de residuos en nueve días, un operativo permanente y cuadrillas activas sin descanso. Pero más allá de los números, queda el esfuerzo silencioso de trabajadores como Miguel, que hacen posible que, después de cada celebración, la ciudad vuelva a empezar limpia.



