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Para la Federación de Pescadores de Boca del Río, la construcción del Puente Boca–Riviera es uno de sus menores problemas

La organización enfrenta bajos precios por sus productos, temporadas sin ingresos, caída del turismo y dificultades para comercializar la pesca que sostiene a más de 400 familias

BOCA DEL RÍO, Veracruz. Mientras el debate público se concentra en la construcción del puente que conectará Boca del Río con la Riviera Veracruzana, los pescadores organizados de la zona aseguran que sus preocupaciones más urgentes son otras: los bajos precios que reciben por sus capturas, las temporadas en las que no pueden trabajar por las vedas o los nortes, la disminución del turismo y la falta de apoyos para fortalecer al sector.

Así lo afirmó Margarito Enrique Luna, presidente de la Federación de Pescadores de Boca del Río, organización que agrupa a diez cooperativas pesqueras y que representa a entre 300 y 400 pescadores activos de la zona conurbada.

“Sabemos que va a haber alguna afectación con el puente, pero todavía no tenemos la información completa. No podemos platicar algo que en realidad no conocemos”, señaló al ser cuestionado sobre el proyecto de infraestructura.

La federación, constituida desde hace aproximadamente dos décadas, opera actualmente con entre 70 y 80 embarcaciones de pesca ribereña de 25 pies de eslora que trabajan principalmente frente a las costas de Boca del Río y Antón Lizardo, respetando las restricciones establecidas dentro del Sistema Arrecifal Veracruzano.

Un oficio donde ningún día está garantizado

Para los pescadores, la incertidumbre forma parte de la rutina.

A diferencia de otras actividades económicas, una jornada de trabajo puede representar una buena captura o prácticamente ningún ingreso.

“Esto es un juego de azar. A veces sacamos toneladas y a veces sacamos diez kilos. Hoy nosotros nada más sacamos dos pescados”, relató Margarito Enrique Luna.

Actualmente, las principales especies que capturan son robalo, jurel, huachinango, pámpano y distintas variedades de pescado de escama. El robalo es una de las especies más importantes para la economía local, aunque su temporada de veda está por iniciar.

Los productos llegan diariamente al muelle y son comercializados frescos directamente por las cooperativas.

“De las ocho de la mañana a la una de la tarde la gente puede encontrar pescado fresco. Muchas veces llega prácticamente vivo porque viene directo de la lancha”, explicó.

Más de 400 familias dependen de la pesca

Detrás de cada embarcación existe una familia que depende directamente de la actividad pesquera.

Según el dirigente, aunque la federación agrupa entre 300 y 400 pescadores activos, el impacto económico alcanza a muchas más personas.

“Uno por familia es el que sale a pescar, pero detrás están las esposas, los hijos y todos los que dependen de ese ingreso”, comentó.

La organización tiene su sede a orillas del río Jamapa, detrás de la zona del Inbursa Boca, en el muelle que lleva el nombre de Rufino Cruz Quijano, considerado uno de los impulsores históricos de la organización pesquera en Boca del Río.

“Fue una persona que ayudó mucho a formar la Federación. Toda su familia estuvo ligada a la pesca”, recordó.

Los intermediarios, uno de los principales problemas

Más allá de las capturas, uno de los mayores desafíos para los pescadores es la comercialización.

Margarito Enrique Luna asegura que con frecuencia los productores reciben precios muy bajos por su mercancía mientras los consumidores terminan pagando mucho más.

Como ejemplo, relató el caso reciente de un pescador que logró capturar cerca de 400 kilogramos de jurel.

“Se lo pagaron a seis o siete pesos el kilo. Después ese mismo pescado lo encuentras a quince o veinte pesos. Ahí es donde el pescador sale perdiendo”, afirmó.

Actualmente, la federación no cuenta con mecanismos suficientes para negociar mejores precios frente a los intermediarios.

“Antes las federaciones tenían mucho más fuerza. Hoy en día han ido perdiendo poder y organización”, señaló.

Cincuenta años viendo cambiar Boca del Río

A sus 58 años de edad, Margarito Enrique Luna ha pasado prácticamente toda su vida en el mar.

Comenzó a pescar cuando tenía apenas ocho años y asegura acumular ya medio siglo dentro de la actividad.

Durante ese tiempo ha observado la transformación de Boca del Río de un poblado pesquero a una ciudad densamente urbanizada.

Cuando empezó a crecer el pueblo y se convirtió en ciudad, la pesca comenzó a cambiar mucho. Ahora tenemos edificios, plazas y mucho más movimiento que antes”, comentó.

A su juicio, las condiciones actuales son muy distintas a las que existían cuando comenzó a trabajar junto a sus padres, abuelos y tíos, todos dedicados históricamente a la pesca.

El turismo también se ha reducido

Aunque los pescadores no participan directamente en actividades turísticas, sí dependen en buena medida del flujo de visitantes que consumen pescados y mariscos en la región.

Por ello, consideran preocupante la disminución de la actividad turística en Boca del Río.

“La actividad turística ha bajado demasiado. Boca del Río era una base fundamental del turismo y hoy ya no vemos el mismo movimiento”, aseguró.

Para el dirigente, es necesario impulsar una mayor promoción de los atractivos de la zona y mejorar los accesos hacia el centro de Boca del Río, ya que es más fácil llegar a Mandinga, viniendo del Puerto.

“Hay lugares que podrían recibir mucho más turismo, pero hace falta promoción y mejores accesos para la gente”, señaló.

Cuando el mar obliga a buscar otro trabajo

Además de las fluctuaciones en las capturas, los pescadores enfrentan periodos del año en los que simplemente no pueden salir al mar.

Las vedas y los eventos de norte pueden suspender la actividad durante semanas.

“Viene la veda del robalo y tenemos que parar. Luego llegan los nortes y podemos pasar quince o veinte días sin salir a pescar”, explicó.

En esos periodos, muchos pescadores deben buscar empleos temporales para sostener a sus familias.

“Nos vamos de ayudantes de albañil o buscamos otras actividades. La familia tiene que comer”, expresó.

Un sector que pide ser escuchado

Pese a las dificultades, los pescadores aseguran que mantienen disposición para colaborar con las autoridades en los distintos proyectos que puedan desarrollarse en la zona.

Sin embargo, consideran que los problemas cotidianos del sector requieren mayor atención institucional.

“Que no abandonen al sector pesquero. Durante mucho tiempo estuvimos olvidados y apenas sentimos que nos empiezan a voltear a ver otra vez”, afirmó.

También reconoció los esfuerzos recientes para facilitar trámites relacionados con permisos de pesca, una gestión que anteriormente obligaba a muchos productores a desplazarse hasta Mazatlán para realizar procedimientos administrativos.

Para Margarito Enrique Luna, antes que cualquier obra de infraestructura, la prioridad sigue siendo garantizar condiciones que permitan la supervivencia de una actividad que durante generaciones ha dado sustento a cientos de familias en Boca del Río.

“Lo único que pedimos es que volteen a ver al pescador. Somos muchas familias las que vivimos de esto y seguimos luchando todos los días para salir adelante”, concluyó.

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